Cuadros compartidos

Desde +EducaVida os hacemos llegar una nueva propuesta: se trata de buscar un/a artista que os guste mucho y compartir una de sus obras (cuadro, grabado, mural, escultura…) con la que en estos momentos os sintáis más identificados; bien por su temática, por su color, por los sentimientos que despierta su contemplación; o bien porque evoca un lugar donde os gustaría estar en estos momentos para huir del enclaustramiento.

También podéis buscar una pequeña biografía del autor/a o todo aquello que os parezca más interesante y significativo de su obra. Si además os animáis a escribir un pequeño texto (con lo que os evoca la obra o los sentimientos y emociones que es capaz de transmitiros) sería genial.

De esta manera además de conocer a algunos/as artistas que seguramente desconocemos, nos acercaremos a nuestros/as compañeros/as a través de las emociones que el arte es capaz de despertar en nosotros/as.

Os dejamos algunos ejemplos de compañeros/as del Centro de Profesorado Territorial Ángel Sanz Briz.

¡Animaos a participar!

Edward Hopper, pintor de la soledad y la eterna espera

Mujer sentada mirando por la ventana

Mujer sentada

Edward Hopper (Nyack, 22 de julio de 1882 – Nueva York, 15 de mayo de 1967)​ fue un pintor estadounidense, célebre sobre todo por sus retratos acerca de la soledad en la vida estadounidense contemporánea. En sus obras aparecen personajes femeninos envueltos en misterio, rostros pausados aguardando algo que nunca llega… Tras esas pinceladas se esconde un universo psicológico que vale la pena descubrir.

En sus cuadros se percibe una atmosfera asfixiante, en todos esos cuadros queda impregnada en forma de pátina la propia soledad. Soledad reflejo sin duda de la  sociedad en la que le tocó vivir.

He elegido a este pintor porque sus cuadros me transmiten los mismos sentimientos de opresión, soledad, quietud, espera… que siento en estos momentos.

La contemplación vacía a través de la ventana de los mismos paisajes uno y otro día, sin mirar nada, abstraída en mis pensamientos, en los pensamientos de mis personas amadas.

El mismo paisaje nevado que días atrás, me habría emocionado, solo me transmitió más frio y soledad. Solo un brote de esperanza en mi balcón me hace recuperar la ilusión y la fe en que toda esta pesadilla acabará, una hortensia se abre paso a la vida entre la nieve, y yo tengo la obligación de cuidarla para que florezca.

Carlos Jacanamijoy

Se trata de una obra del pintor indígena colombiano Carlos Jacanamijoy. Carlos y yo trabamos cierta amistad en Nueva York. El colorido de la selva es una de las constantes en la obra de Carlos. Ver sus cuadros siempre surte en mí el mismo efecto: por un instante habito en ese mundo amazónico donde el color estalla como una bengala.

Salvador Dalí

Muchacha en la ventana, Salvador Dalí

Dalí lo pintó a su vuelta de Madrid a Cadaqués, en verano. De modelo le sirvió su hermana Ana.

Echaba de menos su mar Mediterráneo.

Dalí todavía no era  surrealista cuando pintó este cuadro (1925), y yo lo comento en este momento que vivimos, que sí me parece surrealista.

Pintura sugerente donde las haya  actualmente. Chica apoyada en la ventana abriendo su mirada a un paisaje en calma, infinito, esperanzador. El poder de la naturaleza que se adivina, ¡cuánto nos tiene que enseñar! En primer plano, hay paredes vacías, se intuye soledad. Vamos a darle la espalda, como la muchacha, a todo lo innecesario, lo banal, a todo lo que resta. Miremos a la felicidad, al amor y gocemos del presente.

Tamara de Lempicka

Autorretrato en el Bugatti verde

Las obras de Tamara de Lempicka son reconocibles a primera vista, la pintora creó un estilo único que influyó con gran potencia en los estilos modernistas venideros, incluyendo el Pop Art y el cómic.

La artista polaca se pintó a sí misma para la portada de una revista de modas alemanas, que buscaban una imagen que representase a la mujer emancipada, a la mujer moderna.

La artista se autorretrató conduciendo un lujoso coche, mostrándose como una mujer con poder, movilidad e independencia, sin necesidad de la presencia masculina. Su mirada tiene el toque garçon, esa palabra francesa de moda en los años 20 para referirse a las “chicas solteras” que reivindicaban los derechos de la mujer y la igualdad de género adoptando una figura andrógina.

Ivan Aivazovsky

Noche de Luna (1885), Ivan Aivazovsky

Ivan Aivazovsky fue un pintor ruso de origen armenio del siglo XIX, destacado especialmente por sus obras de temática marina. La mayoría de sus pinturas se encuentran en la Galería Nacional de Arte Aivazovsky (https://feogallery.org/ayvazovsky/).

A mediados del siglo XIX se inició la transición del Romanticismo al Realismo y en Rusia comenzó a tener más peso la escuela paisajística. Aivazosky, aunque utilizó elementos realistas, siempre fue fiel al romanticismo.

La luz de sus lunas parece entrar en casa desde la imagen y el cariz épico-dramático de sus pinturas vuelve a estar vigente.

Kevin Best

El cuadro que yo he elegido es este, de la colección Still Life, de Kevin Best. Este artista australiano murió en 2012. Sus bodegones son muy bonitos y podéis ver la colección a la que pertenece el que me gusta en bestshots.com.au

Joseph Wright

Seguramente este cuadro no vaya en la línea de lo que estáis pidiendo, pero es un cuadro que vi el pasado febrero en la National Gallery y me llamó la atención, además de por el juego de luces y sombras de la escena, porque es una obra bastante singular. Es uno de los cuadros de temática científica más famosos de la historia. Es el «Experimento con un pájaro en una bomba de aire» del inglés Josepth Wright, que lo pintó en 1768 y muestra una enfermedad desconocida y que no fue descrita hasta un siglo después. En estos tiempos en los que parece que todos estamos valorando más que nunca la importancia de la ciencia e investigación, pienso que está bien que veamos que algunos autores le dieron también esa importancia en su época.

John Bramblitt

John Bramblitt es un interesante pintor que a pesar de su ceguera ha seguido creando obras con más empeño y colorido que antes de perder su visión.

Para él pintar fue una forma terapéutica de combatir la depresión al quedarse ciego, ya que lo hizo centrarse en lo que puede hacer y no en lo que no puede.

El artista ha inventado y perfeccionado una especie de técnica de pintura braille donde va tocando los relieves del óleo para imaginarse lo que pinta y terminar de plasmar sus sueños en el lienzo.

Los tubos de oleo de John tienen código braille para que pueda diferenciarlos.

Sus ojos sólo pueden diferenciar entre la luz del sol y la oscuridad.

Sin duda, John  ha deslumbrado al planeta con su mundo de colores brillantes y alegres.

2 comentarios sobre “Cuadros compartidos

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