Emociones.

Este mes de mayo, ha sido un mes de emociones, no sólo por todos los eventos que han sucedido en el Centro de Profesorado relacionados con los proyectos Erasmus+, sino también por la excelente formación en gestión emocional que hemos recibido por parte de María Jesús Gil, compañera docente que actualmente desempeña su función en el IES de Vilafranca (Castellón). María Jesús, además de ser Licenciada en Psicopedagogia, es consultora en la Terapia del Movimiento Rítmico, tiene formación en Mindfulness y Yoga Infantil, en establecimiento de buenas relaciones y perfiles de personalidad, y postgrado en Inteligencia Emocional. Con esta cartelera, las expectativas eran buenas, pero fueron incluso mejores cuando se empezaron a vivenciar algunas de las dinámicas que había preparado para el grupo de profesores y profesoras que asistieron a la sesión.

«Tenemos dos mentes, una que piensa y otra que siente» (Daniel Goleman)

La parte emocional del ser humano tiene una función adaptativa importante, y comprender cómo pensamos y sentimos, nos permitirá enfrentarnos y adaptarnos a los retos que nos plantea el día a día. Poder desenredar ese nudo en el estómago y ser conscientes del miedo, amor, deseo, tristeza, confianza, ilusión, culpa, entusiasmo… es una ventaja para nuestro cerebro que nos ayudará a tomar las decisiones adecuadas, o, al menos, a intentar que éstas trabajen a favor de nuestros intereses y valores, y no en dirección opuesta. En este sentido, dejarnos llevar por nuestras emociones puede conducirnos a nuevos territorios o a situaciones problemáticas, pero el reconocimiento y la gestión (o incluso manipulación) de las mismas nos llevará donde nos propongamos, asegurando el éxito y rendimiento de nuestros objetivos.

«El que siente gana, aunque pierda» (Laura Chica)

Es en nuestra parte más primitiva del cerebro, el Sistema Límbico, donde se generan las emociones para satisfacer las necesidades más elementales del organismo, aquellas que aseguran la supervivencia de la especie, obedeciendo a la información que el Sistema Nervioso le proporciona. Podemos decir, entonces, que somos dueños y dueñas de nuestro estado emocional, y por tanto capaces de poder modificarlo. Pero para ello debemos entrenar a nuestro cerebro, puesto que los mecanismos de recompensa cerebrales hacen que repitamos conductas aprendidas en respuesta a situaciones placenteras o dolorosas previas, que pueden no ser la mejor opción en cada momento.

Un abrazo, la mejor medicina.

Entre las muchas sugerencias de María Jesús para trabajar nuestro estado emocional, destaca la del contacto físico. Los seres humanos necesitamos sentir y para ello ver, oler, saborear y tocar, algo de lo que la pandemia nos ha privado durante un par de años, y que ya pasa factura en nuestros ánimos. Lo primero que hicimos en la sesión fue cogernos de las manos, y es que el calor de una mano tiene el poder de transmitir y aliviar, un poder incluso mayor que el de las conversaciones más profundas.

«Quien te hace reír, te regala vida» (Danns Vega)

A la hora de establecer relaciones que nos aporten bienestar a nuestro alrededor, además del contacto físico, debemos reservar un tiempo para el humor y la risa. Cuando nos reímos activamos ciertas zonas del cerebro que nos hacen sentir bien, liberamos tensiones, nos sentimos menos estresados y con más energía, incluso minimizamos el dolor viendo los problemas menos graves. Para lograr hacer reír a alguien hay que empatizar con esa persona, y si lo logramos, se crean vínculos especiales que hacen que tengamos la sensación de proximidad, de complicidad. Herbert  Spencer, uno de los primeros investigadores sobre el estudio de la risa afirmó que  ésta, era esencial para restaurar el equilibrio emocional, físico y biológico. Ya lo decía Buñuel: «Un día sin risa, es un día perdido»

Rodéate de personas que son luz y lo verás todo más claro.

Entre las recomendaciones para seguir aprendiendo cómo funcionan los mecanismos de nuestra mente y poder encontrar un estado emocional saludable, María Jesús nos propuso el libro «Encuentra tu persona vitamina» donde Marian Rojas Estapé, habla acerca del apego, de la infancia y del amor desde un punto de vista científico, psicológico y humano, y también de una hormona fundamental para socializar, la oxitocina. Este libro te impulsa y te guía para encontrar personas vitamina en tu entorno, aquellas que sacan lo mejor de ti, te inspiran, te apoyan y con ello mejoran tu sistema inmune, porque nuestra felicidad va a depender, en gran medida, de las relaciones saludables que seamos capaces de establecer con las personas que nos rodean.

«Ante el mundo hay solo dos actitudes: o miedo, o amor» (Elsa Punset)

¿Se puede enseñar a sentir? Parece ser que, igual que aprendemos a desconfiar, a sospechar, a odiar… y lo hacemos desde una perspectiva de la supervivencia, podríamos aprender a amar, a ver el mundo desde la inocencia y la curiosidad con la que lo ven los niños, y mantenerlo. Probablemente reaccionar ante los retos del día a día desde el amor y no desde el miedo, haría del mundo un lugar mejor, al menos, nuestro mundo.

Empecemos por incorporar algunos cambios a nuestra vida personal, aprendamos a entender lo que sentimos, a centrarnos en lo positivo de cada día, a conquistar la felicidad, a rodearnos de personas que nos hacen ser más y mejor. Sólo desde un estado emocionalmente consciente podremos después empatizar con nuestro alumnado y ayudarles a aprender a reconocer sus impulsos, sus emociones más primarias, y cómo canalizarlas hacia sus objetivos. Sin duda, necesario, ahora y siempre.

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